En el transcurrir de la vida, en general, y en los ámbito sociales, en particular, cualquier excusa es buena para reflexionar sobre el sentido de lo que está sucediendo de lo que sucederá y de lo podría o cada cual desearía que sucediese. Este acto y la casualidad de encontrarnos a punto de estrenar milenio, parecen una buena oportunidad para pararse a pensar sobre los muchos y complejos problemas que impregnan los procesos educativos en el mundo actual.
Si bien es cierto que en estos momentos, y para el tema que nos ocupa, no podemos permitir nos el lujo de seguir el sabio consejo de San Agustín "de no tomar decisiones en tiempos de crisis", bien podemos aprovechar el remanso intelectual que proporciona un encuentro de este tipo para situar los muchos y complejos temas que configuran los fenómenos educativos en la sociedad actual, con consecuencias importantes para el futuro. Puede ser un momento ideal para no dejarse llevar por el imperativo tecnológico, deslumbrar por los novísimos aparatos, "más compactos, más rápidos, más potentes, más eficaces, más baratos..." y preguntarse por su ‘poder real’ para resolver o aumentar los retos y problemáticas de la educación.
En el plano educativo, los efectos de la globalización y la tecnologización del planeta se dejan sentir también de manera acelerada, no sólo en lo que se refiere al reto de mantener actualizada la información que se requiere transmitir a las nuevas generaciones, sino a la mejor forma de hacerlo, así como a la necesidad de desarrollar habilidades en el estudiante para enfrentarse a un mundo que se transforma día con día a un ritmo cada vez más vertiginoso.
Evidentemente, estos avances han afectado la menera tradicional de impartir la educación en la universidades. Se presume que, gracias a los impresionantes logros en la investigación científica, la vigencia del conocimiento se mantiene durante escasos cinco o diez años y esta tendencia se acentuará sin duda en el futuro. Esto ha obligado a las instituciones educativa a revisar en forma constante sus planes y programas de estudio, para poder ofrecer así una educación actualizada a sus alumnos e implica, además, un proceso sistemático de renovación del conocimiento de su planta académica, así como una fuerte inversión en tecnología moderna que facilite las tareas sustantivas de las universidades.
Esto también nos obliga a cobrar conciencia de que lo importante ya no es estudiar una profesión para toda la vida, sino en estudiar a lo largo de toda la vida para ejercer una profesión.
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